Amigas de verdad

Hablar de amigas también es hablar de amigas de verdad. Y a estas las podemos contar con los dedos, son dos o tres, no más. Incluso muchas veces solo una. Pero como dicen: más vale calidad que cantidad.

Y en el caso de las amigas de verdad esa regla de tres también funciona, pero ¿cómo se distingue a las amigas que son verdaderas? No es fácil pero por lo general tales vínculos afectivos se generan durante la infancia.

A veces también las amigas de verdad surgen en la adolescencia pero son los juegos compartidos, las aficiones mutuas, el trato que tengamos de la una hacia la otra lo que hace que con el paso del tiempo todo se termine consolidando en una relación de amistad verdadera.

Tener amigas de verdad es una maravilla, sobre todo porque siempre se escucha la una a la otra y eso se agradece sobre todo cuando vemos que pasan los años y las amigas están ahí, como dispuestas también estamos nosotras a hablar de lo que nos pasa.

Las amigas de verdad son las que comparten, las que no tienen egoísmo de por medio y las que escuchan con atención y también nos hacen reflexionar, buscan lo mejor para nosotras, de la misma manera que nosotras buscamos lo mejor para ellas.

A las amigas de verdad nos atrae un imán invisible que nos tiene unidas de por vida a ellas. Son aquellas amigas que por nada del mundo cambian su forma de ser hacia nosotras y que al mismo tiempo saben perdonar, sobre todo porque hemos aprendido a perdonar.

Sin embargo hay veces que por determinadas circunstancias el tiempo nos distancia, la vida cotidiana, el día a día, la realidad laboral y emocional de cada una. Aun así los lazos de amistad se mantienen.

Pero ocurre a veces que no sabemos valorar bien la calidad de la amistad que nos ofrecen y aunque una amistad cuando es verdadera no necesariamente espera reciprocidad inmediata, la amistad tiende a fortalecerse cuando somos capaces de volver a pesar del tiempo.

Nada cuesta coger el teléfono y hacer esa llamada que solemos postergar, porque hay amigas que merecen más de nuestra parte. Merecen esfuerzo, porque la amistad verdadera para que sea digna de llamarse como tal debe ser de dos.

Cierto es que muchas veces las amistades se sostienen más que nada por una sola persona. Que en esta fábula de vida llamada amistad una es la que se entrega y la otra lo hace en menor medida, pero cuando hay amistad verdadera no se contabiliza las veces que una llamo, los regalos o visitas, las amigas cuando son de verdad no guarda rencores, ni exige a una que sea tal como la otra, es simplemente y en esa sencillez que anima los corazones radica su esencia, en la simpleza de saber que nada se debe hacer por la fuerza.

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